Fiesta de la Misericordia
“Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia” (88). “Ese día los Sacerdotes han de hablar a las almas sobre mi Misericordia infinita” (Diario, 570).
“Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas”.
“El día de mi fiesta, recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de mi Misericordia. Yo las sanaré y las fortificaré”.
“Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de mi Misericordia. Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija mía”
“Me queman las llamas de la misericordia, las quiero derramar sobre las almas, (y) las almas no quieren creer en mi verdad”.
Es la Pascua, victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado, la que da origen al Domingo de la Divina Misericordia; su ambiente festivo surge del regocijo de Dios (Cf Lc. 15) ante la reconciliación de la humanidad en virtud de la muerte y resurrección de Cristo. De su parte, la Iglesia “difunde” la acción misericordiosa de Dios a través de los sacramentos.